Amores de Planta

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@silviameave

Del tronco sinuoso salta a la vista el rostro de un hombre atrapado en el tedio de la espera de eso que parece no llegar nunca. Es un rostro largo y adusto que intenta emerger para gritarle al mundo que ahí está, que está vivo y sólo quiere un poco de atención.

El árbol añejo, sin embargo, retiene al rostro que se congela en un pucherito casi imperceptible para los transeúntes con prisa eterna, esos que ya sea a pie o en automóvil, no tienen tiempo de darse cuenta de que sí existe el amor y que todavía hay quienes se dan el gusto, como en las películas antiguas, de grabar sus iniciales para eternizarse dentro de un corazón en la piel curtida de un frondoso sobreviviente de la urbanización.

Le pregunté al espíritu del árbol si su aflicción databa del tiempo en el que una incierta parejita enamorada decidió estamparle en la frente su corazón dual, o si acaso le inquietaba saber si ese corazón indeleble habría trascendido al momento de locura adolescente que lo hirió por siempre.

La copa del árbol se estremeció con el suave viento otoñal y dejó caer sus hojas secas sobre mi cabeza. El rostro en el árbol gimió casi en silencio y entonces entendí que el suyo era el semblante de aquel amor que se ofreció eterno y lo dejaron plantado.

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